¿Si soy cristiano(a), por qué estoy depresivo(a) y ansioso(a)?

Ser un ser humano es tener la identidad en nuestro diseño original. De lo contrario, solo somos sobrevivientes del contexto en el que vivimos y de la cultura, almas que gritan el anhelo de volver a habitar con Dios. 

¿Cuál es el verdadero diseño del ser humano?

Según la teoría creacionista, cuando Dios creó a Adán, tomó barro y usó Sus propias manos para dejar moldearlo. Luego, puso Su propia esencia, Su propio espíritu para imprimirle una parte de Su propio ser. Entonces, Adán se convirtió en una representación perfecta de la masculinidad; y Eva, una representación perfecta de la feminidad. Estaban desprovistos de celos, pataletas y temores, porque su identidad estaba completamente ajustada al diseño de Dios. Esto significa que podían vivir en íntima comunión y sus almas podían experimentar deleite, placer, amor y plenitud. También disfrutaban de la mentalidad de gobierno, no tenían miedo de sus decisiones y emociones. Ellos sabían que estaban habitando en un lugar confiable y seguro. Además, amaban tanto a su Creador que tener Su imagen y semejanza les permitía amarse también sí mismos.

En Génesis 3, se evidencia que Satanás sabía que lo más valioso que tenía el ser humano era su identidad. Por eso, su estrategia fue poner duda en su corazón, para provocar finalmente una suerte de amnesia respecto a quiénes eran ellos y también una desconfianza respecto al carácter de Dios. Cuando finalmente lo logró, entonces, el alma empezó a reaccionar con un repertorio comportamental que no había experimentado hasta ese momento: se culparon, sintieron vergüenza, se escondieron. Se desconectaron del molde original, la tierra se volvió maldita y extraña, y el resultado fue la enfermedad, pues ni el cuerpo ni el alma habían sido diseñados para enfrentar esa realidad.

Entonces, al olvidar ellos su identidad, nos heredaron a nosotros esa misma amnesia. Los que salieron del Edén ya no eran seres humanos, sino seres que tenían que sobrevivir como un pez fuera del agua. 

(Si te gusta nuestro blog, te invitamos a que también leas el artículo sobre RESILIENCIA)

Encontrarse con Jesús en el dolor

Las mujeres le tenemos miedo a nuestros sentimientos e intentamos imitar la fortaleza masculina; los hombres tienen temor a posicionarse y a gobernar a la luz de Cristo; las familias están desestructuradas, porque ya no hay amor. Las palabras que están usurpando el amor en la cultura moderna son: dependencia, sexo, manipulación, apego, carencia. Somos entonces una generación engañada, en donde buscamos continuamente el Edén… sin encontrarlo. Inconscientemente buscamos el placer, el deleite y la plenitud del Jardín, pero en lugares donde no los vamos a encontrar. Una añoranza perdida y sin resolución. ¿Te puedes imaginar la dimensión de la enfermedad y del dolor de nuestra alma hoy en día? De hecho, las enfermedades psicológicas y psiquiátricas son los síntomas de un alma que está gritando la angustia de andar vagando sin identidad.

(Los devocionales que te ayudarán a profundizar en tu relación con Dios están aquí)

Cuando las personas creemos en Cristo, salimos de esa amnesia. Esa naturaleza de Génesis 3 queda atrás y ahora tenemos la Trinidad en nuestro interior. ¡Esta es una condición incluso superior a la que se vivía en el Edén! Sin embargo, muchos creyentes siguen presentando ansiedad, depresión, pánico y adicciones, porque equivocadamente piensan que la conversión significa borrar nuestra propia historia como si nunca hubiera ocurrido. Al hacerlo, estamos desconociendo que la invitación de Jesús es que nuestra alma enferma y desnutrida se encuentre con él, para poder sanar y experimentar verdadera libertad.

Así mismo, al leer la Biblia, pensamos que nuestro cuerpo es un instrumento de injusticia e ignoramos que nuestras células necesitan encontrarse también con Cristo. ¡Ese es el camino de volver a nuestro origen y recuperar nuestra identidad! Se trata de involucrar a Cristo en la separación que estoy viviendo con mi pareja; invitar a Cristo a esos lugares de depresión y ansiedad de mi corazón. Es de esta forma que podemos escondernos en Él, en Su protección y en Su reposo definitivo.

(Este artículo es un extracto de la entrevista que le hicimos a Laura Cárdenas, psicóloga, misionera y autora del libro El Jardín. Si quieres ver la entrevista completa, haz click aquí

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