El Espíritu Santo obra para la gloria de Cristo

“Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).

La obra: La creación, realizada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, incluye a La creación de Adán, en donde se puede ver a Dios extendiendo Su mano hacia Adán, mientras él hace lo mismo. Esta es la manera del artista de expresar la escena en la que Dios sopla aliento de vida a través del Espíritu Santo en la nariz del hombre; sin embargo, sus dedos no se tocan. Por este motivo, vino el Espíritu Santo, para unir al hombre con Dios. 

La Biblia registra la obra del Espíritu Santo desde Génesis hasta Apocalipsis. Él es el Dios viviente, la Tercera Persona de la Trinidad. En el principio, estuvo a cargo de la creación del universo y vino a la tierra como nuestro Consolador, para enseñarnos y recordarnos todo lo que dijo Jesús, el Hijo de Dios (Jn. 14:26). En contraste con la primera venida de Jesús que fue desapercibida por muchos, el advenimiento del Espíritu Santo fue público, pues vino como un viento recio, con lenguas repartidas como de fuego (Hch. 2:1-3).

Observemos cómo se transformó Pedro tras recibir la llenura del Espíritu Santo. El cobarde y miedoso Pedro se convirtió en un hombre nuevo mediante el Espíritu. Cuando anunció la Palabra de Jesús con denuedo, tres mil hombres volvieron al Señor arrepentidos. En otra ocasión, 5.000 hombres aceptaron a Cristo (Hch. 2:41; 4:4).

El Espíritu Santo da testimonio de Jesús y nos enseña la Palabra. El Espíritu Santo es un ser personal. Cuando mora dentro de nosotros, transforma nuestro ser y nuestras obras.

Él nos da a conocer a Jesucristo

El Espíritu Santo nos permite ver y sentir a Jesús en el presente, aunque estuvo en la tierra hace 2.000 años como hombre. El Espíritu de Dios busca glorificar a Jesús, testificando ante los hombres (Jn. 16:12-15) que Él es el Salvador (Cristo). El Espíritu Santo nos ayuda a aceptar las buenas nuevas: que Jesús vino para morir en la cruz por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:14). Antes del advenimiento del Espíritu Santo, el hombre no entendía qué significaba que Jesús, el Unigénito de Dios, muriera en la cruz por sus pecados. Es por su obra que hoy entendemos que somos pecadores, necesitamos el evangelio de la cruz y adoramos a Dios en gratitud.

Cuanto más confiemos en el Espíritu Santo para orar, más pensaremos en Jesús y más recordaremos Su Palabra, ya que la voz del Espíritu nos señala a Cristo y nos transmite tal cual su voluntad.

El Maestro por excelencia

No hay ministerio más bueno y hermoso que el “ministerio del Espíritu Santo”, quien nos habla y nos ayuda a escuchar, a ver y a sentir. Nos enseña lo que es puro, santo, verdadero y benigno. No solo aboga por los creyentes, sino que testifica en contra del mundo. El Espíritu Santo es nuestro Maestro; Él nos amonesta y nos corrige. Examinemos nuestra vida y preguntémonos si no hemos vivido como esclavos de la potestad del pecado, de la muerte y de los espíritus inmundos. Si intentamos resolver los problemas a nuestra manera y según nuestros criterios, no solucionaremos nada. Así que dejemos de intentar tener el control de las situaciones y encomendemos todo en las manos del Espíritu Santo. Necesitamos Su poder para vencer a las potestades del maligno. Además, si contamos con Su llenura, no pensaremos en pecar. Por lo tanto, pidámosle al Espíritu Santo que acabe con nuestros malos hábitos, que corrija nuestro carácter y nuestra manera incorrecta de pensar. 

Como el Espíritu Santo es un ser personal, obra de acuerdo con la vida y al carácter de cada individuo. Quebranta el corazón endurecido y nos da uno nuevo, transformando nuestras vidas. El que está lleno del Espíritu Santo ya no tiene impurezas, experimenta un cambio en su rostro, en sus pensamientos, en su forma de hablar y de actuar. No es un cambio impuesto, sino voluntario y lleno de gozo. El Espíritu de Dios viene a moldear nuestro raciocinio y nuestras emociones; por eso, hablamos de lo que al Espíritu Santo le agrada, con una nueva forma de pensar, de razonar y de hablar. Como se llena un vaso de agua, así llena Dios nuestro espíritu y alma. Y allí, donde corre el agua de vida del Espíritu Santo, hay milagros. El Espíritu Santo hace florecer la vida en la tierra reseca y da vida a los seres marinos en peligro de muerte (Ez. 47:1-12). Si el Espíritu Santo está con nosotros, nuestro ministerio dará asombrosos frutos: el culto será impactante y todos los miembros de la iglesia impactarán a otros en su propio caminar.

Los que no conocen a Dios no conocen la obra del Espíritu Santo, mientras que Sus hijos sí. Él desea intervenir en nuestro ser y hacer correr ríos de agua de nuestro interior. Le pido al Espíritu Santo que santifique nuestra iglesia, y nos utilice para dar a conocer Su gloria y poder al mundo.

La obra del Espíritu Santo es como agua de vida que llena el mundo entero restaurando la gloria de la iglesia.

Pastor Ha Yong-jo, fundador de la Iglesia Onnuri, Duranno Press y CGNTV. Apóstol del amor y hombre de visión, que dio su vida por el evangelio. Autor de Será feliz si tiene su tiempo devocional, Una iglesia como la de Hechos y otros 60 libros. 

La bendición de caminar con Jesús, del pastor Ha Yong-jo.

(Los devocionales que te ayudarán a profundizar en tu relación con Dios están aquí)

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